Pequeña Alelí, flor de invierno.
Blanca, lila o rosa, pequeña encantadora.
Das vida a tal balcón.
Aquél del último piso, aquél que nadie habita.
Floreces sola, surgiendo cuando transen las demás.
Tan puntual cada año.
Tan vital cada invierno
No ha de importar dicha cantidad de cruel hielo.
O el poco fluido que obtengas.
Nada afectará tal brillo que le otorgas a ese vacío lugar.
Ese bello paisaje dentro del fatídico instante en el que se te permite vivir.
Sublime Alelí, ¿qué sería de mí, si no pudiera tenerte aquí?
We Are Infinite
miércoles, 15 de noviembre de 2017
sábado, 21 de octubre de 2017
Hasta pronto, estrellas
No es el mejor lugar según muchos estándares, pero es un buen lugar. Puedo ver claramente las estrellas. Hay muchísimas. Es algo que en una gran ciudad no se puede ver, con tanta gente yendo y viniendo, todos con las miradas al frente, sin mirar a su alrededor.
Sinceramente, me encanta. El aire cálido corriendo rápidamente para impactar contra mi rostro y enredando terriblemente mi cabello, la obscuridad interrumpida solamente por el brillo de los cuerpos celestes, que se empeñan en hacer pasar haces de luz a través de la espesa vegetación, que a esta velocidad es un constante manchón negro. En su afán de iluminarlo todo, parecen exclamar "¡Estamos en nuestro territorio! ¡Toma eso, iluminación eléctrica! ¡Tomen eso, grandes ciudades!"
Suelto un suspiro de satisfacción. Antes, era más común esta sensación. No importaba a dónde fuéramos, lo único en lo que me concentraba era en bajar la ventanilla, observar los paisajes tan diferentes a los que estaba acostumbrada (pero mucho más interesantes) y llenarme de ese olor selvático, misterioso e indomable pero cálido y reconfortante a la vez.
Días después, frente a la imagen de una incansable e insensible ciudad, con el smog cubriendo los cerritos llenos de dorada diamantina que sé que están allí, con el futuro encima y la incertidumbre más espesa que nunca, me pregunto cuándo volveré a ver la inocente luz de las estrellas.
Sinceramente, me encanta. El aire cálido corriendo rápidamente para impactar contra mi rostro y enredando terriblemente mi cabello, la obscuridad interrumpida solamente por el brillo de los cuerpos celestes, que se empeñan en hacer pasar haces de luz a través de la espesa vegetación, que a esta velocidad es un constante manchón negro. En su afán de iluminarlo todo, parecen exclamar "¡Estamos en nuestro territorio! ¡Toma eso, iluminación eléctrica! ¡Tomen eso, grandes ciudades!"
Suelto un suspiro de satisfacción. Antes, era más común esta sensación. No importaba a dónde fuéramos, lo único en lo que me concentraba era en bajar la ventanilla, observar los paisajes tan diferentes a los que estaba acostumbrada (pero mucho más interesantes) y llenarme de ese olor selvático, misterioso e indomable pero cálido y reconfortante a la vez.
Días después, frente a la imagen de una incansable e insensible ciudad, con el smog cubriendo los cerritos llenos de dorada diamantina que sé que están allí, con el futuro encima y la incertidumbre más espesa que nunca, me pregunto cuándo volveré a ver la inocente luz de las estrellas.
miércoles, 8 de marzo de 2017
Viernes
"Sí, lo prometo"
Ese recuerdo era nostálgico, pero sobre todo, divertido.
Aquel último mensaje tuyo.
Del verdadero tú.
Del magnifico nosotros.
Tres palabras que en ese momento, eran muestra de tu corazón.
Del poco que quedaba.
De lo poco que conocí.
La promesa con más importancia, tanta, que posiblemente fue la razón por la cual, jamás pudo ser completada.
La promesa con más importancia, tanta, que posiblemente fue la razón por la cual, jamás pudo ser completada.
domingo, 22 de enero de 2017
Hola chicos
¡Hola! Hace mucho, muchísimo que no hablamos. No estoy segura qué es lo que me hace escribirles, aún sabiendo que nunca lo leerán. Pero hace poco estaba sentada, muy contenta. Me acompañaba una calidez a la que tiene tiempo que me acostumbré, y que se presenta cuando estoy con mis chicos. Sé que la felicidad propia no depende de alguien más, pero los quiero; me hacen sentir segura y, sencillamente, feliz. No quiere decir que sólo sea feliz con ellos, pero es una sensación especial. Y, como cuando pasa cuando piensas en todo y en nada en particular, me acordé de ustedes. Estar con ustedes me hacía sentir algo parecido. Y divagando, divagando, llegué a mi punto. Chicos, nunca les di las gracias. No un gracias cualquiera, uno largo y solemne, con traje de gala, o así me lo imagino yo. Si se pudiera, acompañado de un gran y apretujado abrazo, y una medalla. Se merecen una medalla porque estuvieron conmigo mucho tiempo, y algunos, "siguen" conmigo. No es lo mismo, lo sé, pero estoy orgullosa de ustedes, que mantienen su promesa. Y bueno, no lo sé, quizás yo hago un escándalo por cosas muy pequeñitas, pero nunca les di las gracias por contestar, por entender (o al menos intentar entender), por escuchar (y leer), y, con su preocupación, hacerme sentir importante cuando me sentía muy muy sola. Gracias por su paciencia, sus letras de aliento, sus palabras amables... Sencillamente, por ser ustedes, y seguir siendo ustedes conmigo.
Como dije antes, no creo que ésto lo lean nunca, y ya es muy raro que hablemos. Pero a todos ustedes que estuvieron del otro lado de la pantalla, debo decirles: Sí, llegué justo a donde debería estar.
Como dije antes, no creo que ésto lo lean nunca, y ya es muy raro que hablemos. Pero a todos ustedes que estuvieron del otro lado de la pantalla, debo decirles: Sí, llegué justo a donde debería estar.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Audífonos
La esquina era nuestro lugar favorito.
Aquel rincón donde nada ocurría.
Donde sólo nosotros lográbamos transformar lo que creíamos necesario.
Ambos solíamos huir ahí cuando necesitábamos escapar.
Cuando lo único que requeríamos era al otro.
Fue brillante el instante en el que decidimos crearlo.
Hoy seguimos aquí.
Tus ojos cerrados, intentando disipar lo que sea que se encuentra en tus ideas.
Yo intento concentrarme en la misma canción para evitar los recuerdos.
Ambos tratamos de desaparecer.
De esa manera lo descubro.
No intentas evaporarte de la insoportable idea en tu cabeza.
Yo no intento evadir los horribles recuerdos.
Intentamos volar lejos de esto.
De la minúscula esquina.
De lo sofocadora que es.
De lo rutinario que se ha vuelto.
Eso es nuestro ahora.
Tú y yo rogando por volar lejos de lo que éramos.
De lo que jamás volveremos a ser.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)