domingo, 22 de enero de 2017

Hola chicos

¡Hola! Hace mucho, muchísimo que no hablamos. No estoy segura qué es lo que me hace escribirles, aún sabiendo que nunca lo leerán. Pero hace poco estaba sentada, muy contenta. Me acompañaba una calidez a la que tiene tiempo que me acostumbré, y que se presenta cuando estoy con mis chicos. Sé que la felicidad propia no depende  de alguien más, pero los quiero; me hacen sentir segura y, sencillamente, feliz. No quiere decir que sólo sea feliz con ellos, pero es una sensación especial. Y, como cuando pasa cuando piensas en todo y en nada en particular, me acordé de ustedes. Estar con ustedes me hacía sentir algo parecido. Y divagando, divagando, llegué a mi punto. Chicos, nunca les di las gracias. No un gracias cualquiera, uno largo y solemne, con traje de gala, o así me lo imagino yo. Si se pudiera, acompañado de un gran y apretujado abrazo, y una medalla. Se merecen una medalla porque estuvieron conmigo mucho tiempo, y algunos, "siguen" conmigo. No es lo mismo, lo sé, pero estoy orgullosa de ustedes, que mantienen su promesa. Y bueno, no lo sé, quizás yo hago un escándalo por cosas muy pequeñitas, pero nunca les di las gracias por contestar, por entender (o al menos intentar entender), por escuchar (y leer), y, con su preocupación, hacerme sentir importante cuando me sentía muy muy sola. Gracias por su paciencia, sus letras de aliento, sus palabras amables... Sencillamente, por ser ustedes, y seguir siendo ustedes conmigo.
Como dije antes, no creo que ésto lo lean nunca, y ya es muy raro que hablemos. Pero a todos ustedes que estuvieron del otro lado de la pantalla, debo decirles: Sí, llegué justo a donde debería estar.